4 formas sencillas de calmar a un niño llorando en un minuto

Pena, compasión e incluso impotencia e irritación: los diferentes sentimientos que nos pueden provocar las lágrimas infantiles en sus distintos contextos es increíble. Pero si queremos calmarlos, debemos mantener la calma y adaptarnos a la situación.

El llanto puede aparecer por distintos motivos. Puede que nuestro hijo se haya lastimado, le duela algo, esté asustado o simplemente sea porque quiere que le compren un juguete. Y en cada caso, es importante elegir la manera correcta de actuar.

Siempre recuerda: nunca subvalores los sentimientos del niño. Y los abrazos siempre son necesarios.

A continuación te damos algunos consejos sobre cómo calmar a tu hijo:

Redirige su atención

Puedes distraer a un niño que llora usando múltiples herramientas, y lo importante es poder ganar su atención con algún tema interesante y que se olvide de sus lágrimas.

Lleva contigo un objeto interesante:

Una pluma divertida o un pequeño juguete que nunca haya visto antes y que pueda “empezar a hablar” con el niño llorando, contándole un cuento o consolándolo.

Hazle una pregunta difícil:

Una pregunta que requiera la atención del niño y su interacción con los adultos: “Mira qué auto más increíble va pasando ¿Me puedes ayudar a saber de qué marca es?”

Inventa un ritual

Si su llanto se produce por rabietas o desganas de hacer algo, puedes inventar un divertido ritual para deshacerte de esas lágrimas: enciende el secador de pelo para “secarle las lágrimas” o “expulsar enfados”, o incluso darle “una medicina contra el mal humor” (una golosina que le guste y que no coma habitualmente).

Describe sus sentimientos

El niño llora porque experimenta emociones genuinas, que son diferentes a las de los adultos pero son igual de válidas. Cuando le decimos que pare o que “no es para tanto”, le negamos esa dignidad y ese reconocimiento a los sentimientos del niño, y los dejamos solos con sus frustraciones.
En lugar de hacer éso, intenta ayudarle a entender qué es lo que está experimentando: míralo de frente, desciende hasta mirarlo a los ojos o elévalo con tus manos. Explícale sus sentimientos. En su libro “Tratar al niño, ¿Cómo?”, Yuliya Gippenreyter pone el siguiente diálogo como ejemplo:

Hijo: “¡Se ha llevado mi juguete!”

Papá: “Estás muy triste y enojado con él”

Así demuestras que sintonizas y comprendes las emociones del niño, aceptas su frustración y la escuchas.

Para sus lágrimas con abrazos

Si tu hijo no es capaz de escucharte y se ha vuelto histérico, incluso en un lugar público, no será fácil mantener la calma. Pero siempre necesitas hacerlo: nunca le grites ni le exijas que se calme de inmediato porque no conducirá a nada. En lugar de hacer eso, sigue estos sencillos pasos:

Abrázalo firmemente

No le hagas preguntas porque las palabras dan una carga adicional al cerebro del niño, que ya está sobrecargado.

Es mejor estar callado

Respira profundamente y de manera uniforme

Al mismo ritmo de la respiración, mece ligeramente y acaricia al niño

Déjale que llore cuanto necesite

Luego de un tiempo, comienza a utilizar palabras de consuelo de forma suave

Lávale la cara y dale de beber algo

Comenta la situación sólo cuando el niño ya esté totalmente tranquilo

¿Cómo prevenimos las rabietas?

Muchas veces podemos prevenir lágrimas y rabietas simplemente evitando hacer lo que las provoca y estableciendo reglas simples de comunicación con el niño.

Sigue una rutina diaria:

Frecuentemente el hambre, la fatiga o la excitación debido a juegos muy activos son el botón de disparo de las lágrimas en los niños. Asegúrate de que haga todo a su tiempo y en su medida justa.

Nunca le prohíbas todo:

Tu hijo debe saber claramente lo que puede o no hacer (cruzar la calle solo, tocar una estufa caliente). Si en respuesta a tu prohibición se pone a llorar, abrázalo y ayuda a que esas lágrimas de futilidad pasen, ya que no todas las cosas son posibles para él. Pero permítele que haga el resto.

Dale el derecho a elegir:

En lugar de forzarle a hacer algo, ofrécele una nueva alternativa: si se niega a recoger los juguetes, pregúntale con qué canción quiere recogerlos.

Convierte lo aburrido en un juego divertido:

En lugar de tener que lavarse las manos, puede bañar a su auto o hablar con los microbios descontentos durante el cepillado de dientes.

Nunca le digas que no:

Sustituye la negación taxativa por palabras como: probablemente, ya veremos, si (condicional), dependiendo de, un poco más tarde…, etc.

Espera un par de minutos:

Si tu hijo se niega a hacer algo, nunca insistas de inmediato. Espera un tiempo y repite tu petición utilizando otras palabras.

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